Un día estaba en la casa de ella, de su válvula de escape.
Hace dos días que un amigo le había dicho que ella le gustaba. Hace cuatro días, otro amigo le había dicho lo mismo. Pero ella estaba enamorada de la vida, quizás de otras situaciones, y no quería enamorarse de un hombre, menos de un hombre amigo. Quizás buscaba otras cosas, alguna libertad.
Y abrió su correo y había un mail de un desconocido. No era la primera vez que le ocurría esto. Hace un tiempo, un desconocido le había escrito de la nada; la quería conocer. (Para qué contar esa historia, si terminó siendo un desastre de malentendidos).
Pero este mail era de un francés. Un francés desconocido que escribía en castellano. Un francés que amaba, decía, la cultura latinoamericana. Que buscaba a Cortázar (igual que ella). Que había leído mucho de Chile y de Allende y de esos años lindos y luego oscuros. Y ella sonrió.
Muchas causalidades en pocos días.
Y el mundo daba vueltas como un espiral, quizás con algo de poesía y otro poco de guerrilla. Como todo en la vida.
La poesía nunca se va y la magia siempre la sorprende.


















